martes, 3 de julio de 2012

¡No hay dolor!

    ¿Os habéis fijado cuánta fibra se pasea por la sala de máquinas de un gimnasio? A veces me quedo mirando boquiabierta las caras de esfuerzo y (con un poco de miedo) las venas de sus cuellos.
    -"¿Te apuntas?"  Allí estaba Ilde despertándome de mi embobamiento con su enorme sonrisa blanqueada y su uniforme negro de monitor.
    - "¿Quién yo? ¿A qué?"
    - " A hacer abdominales con nosotros."
    - (Ah, ¡qué  apetecible!) "Estooo... no gracias, yo ya me iba"
    - "Venga anímate que son SÓLO 20 minutos" Insiste sin parar de sonreír.

    Y así soy yo. Incapaz de decir que no dos veces seguidas. Minutos más tarde me encuentro con los riñones clavados en un aislante y la barriga chillándome, mientras intento agradar al perseverante y bondadoso Ilde. Cuando creo que me voy a morir de forma súbita y rodeada de forzudos sudorosos y sonrientes (y no, no era paradisíaco aunque lo parezca) resuena la voz del dulce Ilde diciendo:
    - "¡Muy bien!"
    - (Mándanos a casa ya)
    - "¡Lo estais haciéndo muy bien!"
    - (Mentiroso)
    - "¡Vamos a repetir todas estas series cuatro veces más!"
    - (Es broma ¿no?, ¿es que aquí nadie va a decirle nada? Pero si yo venía a hacer glúteos, ¿que pinto aquí? ¿por qué sonrío si me estoy muriendo? ¡Vamos bonita, levántate y vete que una retirada a tiempo es una victoria!).

    Hice otra tanda más quemando el doble de calorías debido al sufrimiento de mi lucha interior y cuando toqué fondo me levanté sonriendo más que él y le dije teniendo que inspirar tres veces antes de terminar la frase:
    - "Yo ya me retiro quetengounacaderaoperada y no me quiero sobrecargar" (Sí vale, hace ya dos años pero es una excusa muy socorrida y que despierta mucha ternura).  Y me fui orgullosa de haber coseguido escapar intentando andar derecha y no como Chiquito de la Calzada.

    A pesar de mi huída, al despertarme al día siguiente tenía tantas agujetas que no podía ni girarme a apagar el despertador pero aprendí algo muy importante: el sufrimento inconfesable en un gimnasio provoca una retracción de ambas comisuras bucales dibujando una sonrisa casi tetánica que sólo se pasa cuando te duchas con agua caliente (si no te mira nadie, claro).


4 comentarios:

  1. A mi me paso algo parecido pero de piernas al día siguiente me tuve que tirar de la cama y trepar,después de las ducha,en la que se oda un poco 45 min de coche no era capaz de salir del coche,me tuve que agarrar del techo del corolla para poder salir,humillante pero no me ganó nadie piernas, con un par. Besos que grande eres

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  2. Otra ventaja de ser mujer. De haber sido hombre la testosterona te habría impedido levantarte y salir huyendo y ahora además de agujetas seguro que tendrías alguna lesión como un desgarre muscular, ligamentos rotos o que se yo.

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  3. Javier, tú sí que eres grande. Paco, por eso (y por otras cosas) me alegro de ser mujer.
    ¡Besos!

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  4. Muy bien contado. Y tomo nota de que eres incapaz de decir no dos veces seguidas, qué peligro... Tienes que protegerte más, que hay gente abusadora, incluso en la familia :-)

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