sábado, 1 de septiembre de 2012

Manos arriba




    Hace unos días curioseaba por las ventanas observando las actividades guiadas del gimnasio intentando ser seducida por alguna. "..A ver: mujeres mayores que yo, una monitora con cara dulce y unas pesas pequeñitas: ...Miembro superior ¡Perfecto! ¡El próximo día me apunto!"

    Y allí estaba yo el día en cuestión, llegando cinco minutos tarde (para variar) y con la lengua fuera. Vistazo rápido por la ventana, Miembro superior... aquí es, hay hueco en el medio...abro la puerta aceleradísima e intentando no hacer ruido, cojo las pesas más pequeñas y tras caerse rodando (¡las dos!) por el medio del aula ("¡Por favor! parezco un elefante en una cacharrería") intento colocarme haciendo uso de la poca discreción que me caracteriza. ("Ajá, dentro de unos minutos nadie recordará mi entrada triunfal"). Como buena extremeña todo lo adorno con refranes, así que alládondefuereshazloquevieres, barrido visual alrededor ("¡Horror! Pero si sólo hay forzudos, esto... ¿dónde están las jubiladas de la semana pasada???") Mientras intento disimular mi angustia noto unos ojos clavados en mí...(" no puede ser...") con su uniforme negro y su sonrisa blanqueada... otra vez:  Ilde.
    - "Hombreee"
    - "Hola" Sonrío ("no entiendo el tonito de hombreee")
    - "¿No será tu primera clase de miembro superior?"
    - "Sí"
    - "Pues en menuda sesión te has metido. Te vas a morir. Jeje".
    Sonrío más e intento hacer los ejercicios sin inmutarme. Ahora sí que no me podía ir. Era una cuestión personal, no sé si contra mis brazos o contra él, pero después de mi llegada no podía irme otra vez a no ser que tuviera claro el cambiarme de gimnasio.
  
     - "¡Vengaaaa! ¡Al suelo!" Grita el verdugo.
    - (¿Al suelo, pero esto no va de levantar pesitas?)
    -"Pectoraleeees"
    - (Eso en mi pueblo son flexiones)
    - "... 3, 2, 1, ¡Arriba otra vez!"
    - (¿Otra vez? ¡Si yo no había terminado de tumbarme!!!)
   
    Me sentía una Olivia rodeada de Popeyes pero descubrí el secreto para no morir: te levantas y te sientas despacito y así vas perdiendo la mitad de cada serie. Esto está tirado...

    Quince minutos más tarde no pensaba lo mismo. Siento una voz a mi vera.
    - "¿Estás bien?"
    - "Sí, claro." (Es un pregunta irónica o qué)
    - "¿Seguro?"
    - "Sí." ("¿Por qué me insiste? ¿Se notará que me tiembla la pesa al flexionar el brazo?")
    - "Creo que mañana te vas a acordar de mi."
    - "Jeje." (Si hubiera podido le hubiera dado con la mancuerna en la cabeza pero no podía levantarla)

    Al final, tras los cuarenta y cinco minutos más largos de mi vida, tuve que recurrir a mi excusa estrella: "Me voy, esquetengounacaderaoperada y no quiero sobrecargarla" Lo que acentuó aún más su media sonrisa. Lo sé. Fue humillante. Pero era cuestión de supervivencia.

     En una cosa se equivocó mi querido Ilde: cuando sonó el despertador a la mañana siguiente no me acordé de él: me acordé de su madre.

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