martes, 23 de octubre de 2012

Por la mirilla: observaciones de la consulta

     Rotación en consulta de dermatología. Media mañana. Antonio: apuesto y educado caballero de mediana edad entra algo avergonzado al descubrir dos doctoras sonrientes. Afección genital de más que probable etiología infecciosa. Cuatro guantes al canto y paciente tumbado en la camilla con sus partes más preciadas al descubierto. Con sus manos se manipula toda la zona afectada: "Miren cómo se me ha puesto esto, y por aquí también me duele, y esto me pica..." Tomamos una muestrecita por allí y por aquí...y listo. Guantes fuera y a escribir, una la historia y la otra las peticiones. El caballero aliviado por haber pasado ya el mal trago se sienta hasta que terminamos. "Se va usted a tomar esto Antonio y ha ponerse esta pomada dos veces al día". "Muchas gracias, muy amables" Decía al levantarse mientras alargaba su mano esperando un apretón (la misma mano que había paseado por su aparato y sus correspondientes escondites alegremente sólo unos minutos antes). La mano se la dimos las dos (¡qué duda cabe!) ahora apretón, lo que se dice apretón... Acto seguido mi ojo avizor perseguía inevitablemente los movimientos del pobre paciente: mano al pomo de la puerta, mano al botón del ascensor, mano a las llaves del coche,... ¡En unos minutos había restos de sus fluidos por todo el hospital! ¡Hasta en mi mano derecha!
    Esto pasa a diario en un hospital y sólo nos percatamos de una mínima parte. A saber...
    

    Secretos confesables:
    Aquel día me lavé las manos (¿alguien lo había dudado?) y limpié el pomo de la puerta con alcohol.
    A veces me muero por limpiar también los botones del ascensor, pero me reprimo, siempre hay mucha gente.
    Se me caen dos lagrimones cuando veo a niños en el hospital a los que les gusta llamar al ascensor y después se meten las manitas en la boquita ante la pasiva mirada de sus papás.     
   

5 comentarios:

  1. Me ha gustado tu relato. Has conseguido, con toda la facilidad del mundo, colocarme en el legar de cualquiera de los 4 protagonistas de la historia (vosotras, el paciente y ese niño que se chupa los deditos). Enhorabuena. Encantado de que utilices mi viñeta; por cierto, explícame la conexión con el post, aunque pueda intuirla ;). Un saludo.

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    1. Detitanioyporcelana23 de octubre de 2012, 15:42

      Muchas gracias Gatoto, es un placer que una viñeta tuya decore este rincón, eres un artista. Como puedes comprobar hice caso a tu consejo.

      ¿La conexión?, seguro que la deduces a las mil maravillas... ;).

      Un saludo y bienvenido.

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    2. Ole, ole y ole!!!! No hay de qué, el placer es mío. Muchas Gracias, artista.

      Un fuerte abrazo.

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  2. ¡Qué razón tienes y qué miedo da! Pero lo que no entiendo es qué extraña timidez hizo que ninguna de las dos doctoras fuera capaz de decirle al paciente que se lavara las manos o que se las limpiara con una toallita mientras ellas procedían a quitarse los guantes (y a la vez que tímidas resultaron muy atrevidas: mira que atreverse a darle la mano...). Además, si el apuesto y educado Antonio tenía algo infeccioso, él mismo podía extenderse la infección al tocarse... las narices, por ejemplo, así que la advertencia hasta puede verse como parte del tratamiento, ¿no? En fin, estas cosas me asustan porque me recuerdan lo expuesta que estás cada día. ¡¡¡Cuídate!!! Un beso

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    1. Detitanioyporcelana26 de octubre de 2012, 11:02

      Maria Luisa, gracias por tu preocupación. Hay situaciones que suceden en décimas de segundo y no te dejan reaccionar a tiempo, de ahí la reacción posterior. En cuanto al tema de la exposición, creo que todos los seres sociales estamos expuestos por el hecho de serlo, unos con los ojos más abiertos que otros por "deformación profesional". Es un mal necesario de esta profesión.
      Un abrazo.

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