viernes, 16 de noviembre de 2012

Mi dichosa cocina




    Por desgracia mi cocina fue famosa entre conocidos y amigos durante mucho tiempo. O mejor dicho mi no-cocina. Se retrasó seis meses de la entrega prevista, y nosotros, que hasta entonces vivíamos de alquiler, nos habíamos comprometido a dejar el piso y plantarnos en el nuevo poco después de la entrega de llaves. Se enteró todo el mundo porque yo me desahogo así. Se lo conté al peluquero, a la frutera, a mi ginecóloga, a mis compañeros de trabajo, a familia que no veía hacía siglos, a mi vecino, a mis pacientes,...
    En resumen: nos hicimos de un microondas y un frigorífico y durante todo ese tiempo, comíamos entre cajas los tuppers congelados de las eternas cuidadoras (ahora abuelas). Llegaron los grandes días del montaje de la susodicha tras varios pleitos y muchas noches sin dormir. Se quedó a medias (me imagino que también dejaron de cobrar los montadores) pero al menos ya teníamos en nuestro poder los muebles y los electrodomésticos. En ese desbarajuste se plantaron en casa unos fontaneros para arreglar un desperfecto de la placa de ducha. Los encerré en el baño cuando vi la que liaron cortando baldosas y cada media hora se paseaban por la casa (supongo que para respirar) cubiertos de lo que parecía un baño de azúcar glass cuales xuxos de crema. Cuando se fueron todos y llegó el guapo que vive conmigo yo parecía cualquier cosa menos una mujer. Al llegar la noche yo todavía relataba sin respirar: "...y cuando se fueron me di cuenta de que cortaban las baldosas sobre la encimera de madera nueva, que ya está rayada y no tiene arreglo, y me he llevado dos horas para intentar quitar una capa de medio centímetro de grosor de polvo blanco que hay por toda la casa, y los montadores de la cocina no han venido y el dueño de la tienda no coge el móvil, y por supuesto no tenemos grifo, he lavado los platos en la bañera-jacuzzi que todavía ni hemos estrenado, que por cierto, las burbujas funcionan de maravilla aunque la próxima vez recuérdame que no la pruebe con el Fairy, porque se ha montado una..."y cuando casi me deshidrato de llorar en el sofá mi querido, que callaba sin rechistar, intentó calmarme. "¿Has terminado ya? No te preocupes, todo se arreglará. Por cierto, ¿recuerdas las tres coladas de ropa que hemos tendido con el ansia de estrenar la lavadora? Están en la terraza del vecino del bajo. Se conoce que el tendedero nuevo no ha aguantado el peso. Pero no te asomes, mañana será otro día..."


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