miércoles, 8 de agosto de 2012

Frases celebres de mi pequeño salvaje

    


    ¿Qué tiene mi niño feo porque yo no se lo veo? Es un dicho de mi tierra. Y así debe ser porque para todos los padres nuestros hijos son los mejores del mundo. Eso me pasa a mi con mi pequeño salvaje, que a pesar de ser un auténtico polvorilla y tenerme agotada, cuando llega la noche y se queda dormido me parto de risa acordándome de sus ocurrencias diarias. Si me dice estas cosas con a penas tres años, ¿qué será de mi cuando tenga 15? Algunos ejemplos:
   
    "Cariño ¿cuándo vas a empezar a portarte bien?" "Mañana mamá, hoy no, mañana, ¿vale?"

    "Ay mamá, sigue recogiendo tú sola los juguetes que a mí me duelen las rodillas hoy"

    "¡Mira, si sigues saltando en el sofá tiro la rana Lola a la basura!" "Está bien mamá, tírala que yo voy a saltar un ratito más, ¿vale?"

    "Te voy a dejar en el baño pensando... hasta que te portes bien, y no sales a comer hasta que no pidas perdón." Cinco minutos más tarde abro la puerta y me lo encuentro sentado en su váter con el taburete sobre las piernas. "A ver...¿qué has pensado?" "Que yo puedo comer aquí muy bien, mamá."

    "Es que, mi amor, papá y mamá te queremos mucho. ¿Y tú?" "Pues yo también quiero mucho a mi amiga Amelia" 

    Su padre encerrado en el cuarto de baño: "Papaaaaaá, abre la puerta" "No, cariño ahora no puedo abrir" (agravando su voz de 3 años recién cumplidos) "Pues soplaré y soplaré hasta que la puerta derribaré"

    "Mamá mira: debajo del pito tengo dos tentáculos"

    "Mamá yo quiero ser trompetero" "Ya me lo temía yo..."

    Vino un primo mío de visita y él entusiasmado le mostraba toda la casa: "Este es mi cuarto, esta mi cama, este es el cuarto de baño de mis papás, aquí, en esta báscula me peso yo y en este váter hace caca mi mamá"

Continuará... muy a mi pesar.

¡Feliz día!

viernes, 3 de agosto de 2012

En algún lugar de Extremadura...



  
    Necesito encontrarme con él, y aunque a veces me parece sentirlo en otros lugares, sólo hay un sitio donde sé seguro que estará en su estado más puro. Me encanta adentrarme hasta allí con el coche y en medio de ese mar amarillo apagar el motor, bajarme, abrir la cancela, quitarme la ropa y sumergirme hasta la cintura en el agua helada. Entonces me apoyo en el borde de la alberca y cuando el agua se calma llega él: me envuelve, me acaricia, me asusta...

    Sólo allí me encuentro con el más absoluto silencio.

   Y cuando me abraza mi mente se eleva y vuela...  y me lleva hacia atrás, al pasado, y vuelvo a recordar momentos en el mismo escenario, cuando era una niña, cuando estaban los que ya se fueron. Y el silencio me trae sus voces y mis risas...
    
    Y le doy las gracias.

    Sumergo mi cabeza en el agua helada y me escapo de allí sin querer volver al ruido. Pero prometo volver.

    Y sé que lo haré... porque necesito encontrarme con él.

domingo, 15 de julio de 2012

De titanio...


    Dúctil y resistente, duro y maleable, así es el titanio y por eso se ultiliza como componente principal de aquellas cosas que deben durar para siempre.

    Así deberíamos ser las personas: de titanio. Que nada ni nadie nos hiciera desaparecer.
   
    Ya sé que entonces mi profesión no tendría sentido, pero si hoy pudiera pedir un deseo sería ese, que los sanitarios no tuvieramos que existir porque el ser humano ha conseguido ser eterno.
   
    Invencible.

jueves, 12 de julio de 2012

Felicidad

   
    Si hace cuatro años le hubieran dicho lo feliz que iba a ser probablemente no se lo hubiera creído. Fueron demasiados intentos, demasiadas hormonas, demasiadas lágrimas, demasiadas horas de reposo, demasiados kilómetros recorridos... Ella cree que el milagro surgió cuando encontró su paz interior. Es probable. Yo pienso que triunfó la persevarancia, la paciencia y, por supuesto, el amor.
    Hoy sonreía al ver corretear a su niña mayor en la playa mientras daba el pecho al recién llegado. "...Y entonces dicen que nos van a recortar más sueldo, pues vaya hombre ¿pero tú sabes cuánto estamos cobrando? Es que no tengo ni idea." No es que viva en la abundancia ni rodeada de lujos, pero ella tiene todo lo que necesita. No aspira a más trabajo ni a más dinero. Sólo quiere más tiempo para estar con los suyos.
    Es una afortunada.
    Y yo también.  

viernes, 9 de marzo de 2012

De porcelana...

Hoy no quiero ser médico...
Hasta puede que no quiera ser ni madre...hoy no
Hoy me duele el alma...

Me derrito poco a poco. Me encantaría pensar que todo es un mal sueño. Me encantaría poder creer a ciegas en ese mundo espiritual que algunos dicen que existe. Ojalá...

No es posible que desaparezca alguien así de nuestras vidas, alguien tan pequeñito, alguien que lo inhundaba todo.

Todo mi amor a tus papas. Todo mi amor para ti.

Mundo feo...

lunes, 19 de diciembre de 2011

Mírame... diferénciate

    Como ya dije en mi presentación, por suerte o por desgracia, me ha tocado dejar el cómodo palco de la plaza (lugar privilegiado desde el que los médicos generalmente observamos la lucha entre paciente y enfermedad), y saltar al ruedo a defenderme como buenamente he podido. ¡Qué diferente se ve todo desde ahí abajo! Vaya por delante que mi toro no era como el de Manolete, se podría decir que era una vaquilla, algo resabiada, pero de vaquilla no pasaba aunque eso no quita que a mi me impusiera bastante.
    Para poder ejercer la medicina, hay que emplear en el mejor de los casos, seis años de carrera, un año preparándonos el MIR y una vez que se aprueba y se elige plaza, cuatro o cinco años más como residente para formarte en una especialidad. Como en casi todas las profesiones, hay mucha competitividad y en momentos de crisis como el que estamos viviendo ésta se agudiza. La mayoría de los médicos nos esforzamos por estar al día en los últimos avances terapéuticos, sabernos de memoria el medimecum, asistir a congresos donde poder pavonearnos con comunicaciones de todo tipo en relación a nuestra especialidad, algunas absurdas, y por supuesto, intentar hacer de vez en cuando alguna publicación en una revista de prestigio... todo para poder adornar, cual árbol de navidad, un currículum que ocupe nuestras estanterías y sea espejo dudoso de nuestra valía profesional y por supuesto de nuestro ego. Lo que asombrosamente no está en el programa de estudios de la carrera y mucho menos de ninguna especialidad es el conseguir que seamos conscientes de la responsabilidad moral que conlleva nuestra profesión. Una muy buena amiga, oncóloga en potencia, me comentó una vez, que se había parado a analizar que los pacientes observaban todos y cada uno de sus gestos en la consulta, y que tenía que cuidar mucho las palabras que decía y cómo las pronunciaba porque en muchos casos desgraciadamente serían las más importantes que escucharían en toda su vida. Esos personas, a las que se le comunica una enfermedad grave, siempre recordarán esa frase, quién la dijo, cómo la expresó y lo más importante, las consecuencias emocionales que siguieron a continuación.
    ¿Cuántos profesionales de los que ocupamos actualmente nuestras consultas y nuestros hospitales tenemos en cuenta esto? El centrarnos en la patología, intentar hacer diagnósticos certeros y por ende, administrar el tratamiento adecuado, todo ello bajo una presión física y mental (que por supuesto existe, y da para varias entradas...) nos hace olvidarnos de lo más importante, el vehículo de la enfermedad: una persona aterrada sobre su silla, o su cama, que lleva tiempo esperando impaciente el encuentro con su médico, (porque a todos, lo reconozcamos o no, nos impone una vaquilla). En la mayoría de los casos un paciente no precisa un despliegue de todos nuestros conocimientos. Es curioso cómo una simple mirada de complicidad es suficiente para hacerlos sentir que están en buenas manos.


http://diferenciate.org/

jueves, 10 de noviembre de 2011

Gracias

    Hace un par de meses que se jubiló y aunque lo estaba deseando desde hacía unos años, a juzgar por la actividad que sigue teniendo no creo que sus piernas lo hayan notado mucho.
    Nació en un pueblo de Extremadura de esos en los que a las cuatro de la tarde sólo te cruzas con un gato. Puede ser que mis abuelos fueran los que le inculcaron ese sentimiento de responsabilidad y dedicación al trabajo, ya que desde pequeño se vio obligado a vender el pan sobre un burro por las calles del pueblo y a compaginar sus estudios con jornales en el campo. Su padre prefirió prescindir de él y animarle a que siguiera estudiando fuera del pueblo, a pesar del llanto de mi abuela, que como madre no entendía que su pequeño de nueve años se fuese de casa. Desde entonces no ha parado de trabajar, a un ritmo que sobrepasaba con exceso nuestras necesidades básicas. Eso sí, por muchas horas que pasara trabajando nunca nos ha faltado su buen carácter y el sentimiento de sentirnos queridas.
    Ahora empieza una nueva etapa muy bien merecida de su vida que aúna el descanso y la seguridad de que hasta ahora todo ha ido bien y ha cumplido su objetivo incansable en la vida: "que no nos falte de nada".
    Gracias papá.